La política puede concebirse como el arte de generar y mantener el espacio público
donde a través del diálogo, se logran consensos sobre los asuntos de interés común
(vitales para nuestra actividad diaria). Particularmente en Venezuela, se
observa una política desdibujada debido a la imposibilidad de dialogar libre,
honesta y directamente, ya que el espacio que debiera ser público se encuentra
aislado y no se sabe con claridad, la interlocución entre los factores de
gobierno y oposición. Y dado esto, la amenaza de la paz social, cada día
aumenta con mayor fuerza. Por eso es necesaria la política, la buena POLÍTICA
para el avance del país. De lo que se trata es de llegar a acuerdos, evitando o
reduciendo el conflicto a cero. Es claro, la POLÍTICA: Un arte para el Entendimiento.
La política… ¿Una
guerra?
Existe una larga tradición de pensamiento
político, comúnmente denominada “realista”, para la cual la política es la
lucha o conflicto de intereses entre actores diversos, ya sea entre Estados, en
el caso de la política internacional; ya sea entre partidos, grupos o
individuos en el caso de la política nacional o local. Ciertamente, ni el
“idealista” más extremo se atrevería a negar que la lucha, y en general, el
conflicto, es un componente muy importante de la política; pero al propio
tiempo es justo reconocer, por un lado, que eso no es su único componente y,
por otro lado, que se puede concebir un mundo no sólo deseable, sino también
posible, en el que la paz y la cooperación ocupen cada vez más puestos importantes.
Desde esa perspectiva realista, la analogía entre política y la guerra –entre
conflicto sin armas y conflicto armado- resulta evidente: la diferencia entre
ambas es sólo una cuestión de grado, y así como hay un estrategia adecuada para
el conflicto militar, debe haber también una estrategia política para lograr
que los intereses de un Estado, de un partido, o de un grupo, prevalezcan en el
conflicto sin armas frente a otros actores. Bien lo decía Clausewitz: “La
guerra es la continuación de la política por otros medios”. Más preciso lo
escribió Mao Tse Tung: “La guerra es una política cruenta, y la política es una
guerra incruenta”.
El DIALOGO, el
común denominador
Bien sea el caso, sea la política una guerra
incruenta o no, lo cierto es que estamos finalizando un evento electoral. Este
próximo lunes una nueva realidad política aparece antes nuestros ojos. No hace
falta ser un erudito, para entender con claridad, que en la actualidad es
menester hacer transformaciones “precisas” en nuestro sistema político,
económico y social. No para volver a fórmulas viejas, que la experiencia
universal ha demostrado fracasadas, sino a reformas que mejoren la
participación ciudadana y fortalezcan los principios sobre los que se apoya el
sistema democrático: juridicidad, derechos fundamentales de las personas y
separación real de los poderes.
Ahora tenemos ante nosotros, la oportunidad
de leer la voluntad de electores y abstencionistas e iniciar un período de
acuerdos y entendimientos a la búsqueda de esos cambios y transformaciones que
precisamos. En efecto, en la democracia las cuestiones problemáticas que
afectan a las condiciones de vida del pueblo, de las personas, es deseable que
se resuelvan a través del acuerdo. El recurso, pues, al consenso como método
ordinario de solución de conflictos es algo razonable y propio de los sistemas
democráticos puesto que no parece admisible que el hilo conductor de la vida
política sea la confrontación, sobre todo en esa versión hoy tan presente del
intento de destrucción del adversario político.
El COMÚN DENOMINADOR de la vida política ha
de ser, ciertamente, el acuerdo, EL DIÁLOGO, el acercamiento de posiciones,
máxime cuando de resolver problemas que afectan al conjunto de la ciudadanía se
trata. Es más, sin acuerdos fundamentales y profundos es bien difícil sentar las
bases de un sistema genuinamente democrático. Hoy, entre nosotros tenemos
asuntos de gran envergadura política y social que bien merecerían el intento
del acuerdo y el entendimiento al margen de cálculos o intereses partidarios.
Subrayar el carácter vital del acuerdo para
la vida política no significa, ni mucho menos, que la actividad política se
reduzca a los consensos. Este planteamiento, propio de versiones ingenuas de lo
que es la política, permite llamar la atención sobre algo que me parece fundamental
cuándo se trata de reflexionar sobre la funcionalidad de los acuerdos, del
diálogo, en la vida democrática. Me refiero a que el acuerdo, el pacto o el
consenso constituyen un momento del diálogo, no su estado ideal ni su
conclusión. Lo realmente esencial es dialogar para intentar solucionar los
problemas pensando en los derechos de los personas, pensando realmente en las
condiciones de vida de los ciudadanos, en lo mejor para la comunidad en una
palabra.
Lo fundamental no es que los interlocutores
se pongan siempre de acuerdo en todo y para todo, lo que es imposible muchas
veces, o la mayoría, por obvias razones, sino que respeten y tengan
permanentemente presente el “PRESUPUESTO METAPOLÍTICO” que hace posible
el diálogo, que los convierte en interlocutores, en conciudadanos: la
dignidad de la persona y sus derechos fundamentales.
Cuándo el acuerdo no es posible no pasa
nada, no se rompe por eso el suelo de la democracia, porque siempre queda el
procedimiento por excelencia, la confrontación en las urnas. La pregunta es: ¿serán
capaces los actores políticos del presente de pensar de verdad en los problemas
de los venezolanos y menos en su supervivencia personal y política?
Iván López Caudeiron
·
Licenciado en
Administración con especialización en Gerencia Política. Más de 16 años de
experiencia en la Administración Pública.
·
Ex concejal de San
Diego (2005 – 2013).
·
Locutor y Voz Ancla
en el programa #AlianzaVecinal, todos los lunes a las 11 Am por La Voz de
Carabobo 1040AM.
·
Presidente de
Alianza Vecinal San Diego.
·
Twitter /
Instagram: @IvanLopezSD

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