Parecería
ocioso y poco productivo imaginar el posible escenario que se presentará este
año en Julio, en lo tocante a la elección presidencial en MEXICO, sin embargo,
hacer un ejercicio de prospectiva bien puede proporcionar elementos suficientes
para formarse una opinión, tomar postura y, en última instancia, saber lo que
nos viene en las relaciones diplomáticas con ese país, que si bien es lejano en
distancia, hay algunos intereses comerciales, que vale este esfuerzo de escribir
un poco sobre: LA REALIDAD POLÍTICA DE MEXICO.
Algunas
certezas
En este
sentido, es preciso contar primero con elementos suficientes, certezas se
diría, para poder imaginar aquello que pudiera venir, lo “necesario de darse”
en términos del filósofo alemán Hegel. Esto es, que dadas ciertas condiciones
se pueden hacer inferencias de aquello que tiene más probabilidades de ocurrir.
Primera, el
sistema político mexicano cursa una severa crisis, caracterizada por: la
persistencia de todo un entramado de complicidades, pactos de sucesión y
protección sostenidos por grupos políticos y económicos que se niegan a dejar
el poder y dar paso a nuevos proyectos de país, a nuevos actores, a
formas diferentes de hacer política; la ausencia de credibilidad y legitimidad
de quien gobierna, sin importar el nivel en que lo haga. La falta de
representación de los partidos políticos, que convertidos en partidocracia se
niegan a dar paso a la ciudadanía; por el arribo en el peor momento de una
clase política que no está al nivel debido, que se traduce en la falta de
personas preparadas, experimentadas y comprometidas con la búsqueda de
soluciones a los graves problemas por los que atraviesa México. Se suma la
escasez de gobernantes con tamaño de estadistas, capaces de leer el momento
histórico, y cuya pequeñez los constriñe a ver sólo por sus intereses
personales y de grupo; riesgos de ingobernabilidad provocados por la ineptitud,
la corrupción, la falta de miras, la inexistencia de compromiso social y la
necedad de quienes gobiernan al suponer que no existen soluciones mejores.
Segunda, el abandono de quien gobierna, a todos los
niveles, de aquellas obligaciones que dan sentido a su existencia, comenzando
por la seguridad física y patrimonial de una población que se debate entre
salarios de hambre, malos servicios, empleos precarios, desempleo, falta de
oportunidades, desapariciones, asesinatos, violencias múltiples y la
incertidumbre ante un futuro nada halagüeño.
Tercera,
una Presidencia fallida en la que las acusaciones de corrupción y tráfico de
influencias, que han dado al traste con los resultados prometidos. Cuarta, el
hecho de que las élites económicas y políticas, que han logrado mantenerse a lo
largo de décadas al frente del país, no están dispuestas a ceder el poder a
quien encabece un proyecto diferente que ponga en riesgo sus pactos,
privilegios y beneficios, presentes y futuros. Quinta, la existencia de un
dispositivo de poder que supone, según Foucault, la interrelación entre una
serie de elementos como los discursos producidos desde el poder político y los
medios de comunicación; una multitud de recursos materiales y simbólicos
dedicados a cerrar el paso a otro tipo de gobernantes, ciudadanas y ciudadanos;
la labor que se hace en grandes grupos de la población que, por tradición,
conveniencia, ignorancia, temor o falta de información, son proclives a dar su
voto a quien mejor ‘paga’ o a quien promete más.
Sexta, la
existencia de un pequeño número de ciudadanos y ciudadanas conscientes de sus
derechos políticos, sociales, económicos y culturales, dispuestos a
defenderlos, contra millones de personas que, a pesar de sufrir las
consecuencias de modelos políticos y económicos fallidos, no tienen los
elementos necesarios para identificar y enfrentar a los responsables directos
de tales modelos.
Escenarios presentes
Visto así,
hay varios escenarios que con seguridad se presentarán. Revisemos un poco.
El
enfrentamiento entre dos proyectos de país: uno vigente, a partir del cual una
élite político-económica, 1% de la población total, se ha beneficiado del
enorme “beneficio” a que han sido sometidas las arcas públicas y los recursos
naturales y humanos del país, a costa del nivel de vida y la seguridad del
resto de mexicanos y mexicanas; el segundo, aquél enfocado a responder a las
demandas y necesidades de ese 99% que se ha quedado sin futuro gracias a la
ambición de un puñado de políticos, empresarios, militares, intelectuales,
miembros de la Iglesia, jefes de mafias y
delincuencia organizada.
Una lucha
encarnizada en la que quien detenta el poder hará hasta lo imposible por no
perderlo. Esto incluye un derroche de recursos materiales y simbólicos sin
precedentes. Lo ocurrido en el Estado de México, este año, es sólo una pálida
sombra de lo que se avecina. Existirá también una campaña mediática en la que
la guerra de lodo será más profunda y dañina que la que se dio en 2006 y 2012
en contra del candidato que pone en cuestionamiento a la que llama la “mafia
del poder”. Los coletazos de un “dinosaurio” que se niega a cambiar y que
echará mano de todas sus estrategias, mañas y añejas prácticas con tal de no
dejar la silla presidencial, incluida la campaña del miedo afirmando que si no
gana la continuidad que representa: “El país se vendrá abajo”. Irónica
afirmación de quien ha colocado a México al borde del colapso.
Aun lado, la ingenuidad del principal opositor
que seguirá pensando que el voto en masa del pueblo lo llevará a la silla
presidencial. Aunque… dado el hartazgo ciudadano en torno a los políticos y sus
partidos, la crisis de legitimidad y credibilidad por la que atraviesa la
Presidencia de la República, los gobernadores y los partidos que los llevaron
al poder, la grave situación de inseguridad y violencia que amenaza a la gran
mayoría de la población, y una economía cuyo crecimiento es insuficiente para elevar
la calidad de vida de esa población… esta vez lo más seguro, lo montarán en el
poder.
Se agrega
toda la parafernalia electoral que incluye exitosas campañas “negras” capaces
de sembrar el temor en una población que no distingue información de propaganda;
una socialización política que no propicia la aparición de una ciudadanía más
formada e informada, sino que busca que todo se mantenga como está y que sólo
unos miles de personas entiendan lo que se juega en cada elección, sin poner en
riesgo a un régimen que hace agua por todos lados; las concertaciones que han
tratado de construir un sistema político bi-partidista de derecha, donde cierto
tipo de izquierda no tiene cabida, sólo aquella que se acomoda a los intereses
de los dos partidos que se han sentado en la silla presidencial.
Y algunos
soñadores, imaginamos EL DESPERTAR DE UNA CIUDADANÍA, sumida en la desesperanza
y en la lucha del día a día, que esta vez podría volcarse a las urnas y
provocar un cambio o, pensando sin ingenuidad, un proceso electoral
típico en el que unos cientos de miles vendan sus votos; otros voten por el de
siempre; y muchos y muchas más se queden en casa esperando que Dios les haga el
milagro y, está vez, sí gane el bueno.
Así está la
REALIDAD POLÍTICA DE MÉXICO. Queda aquí este ejercicio de prospectiva. Así lo
veo.
Iván López Caudeiron
·
Licenciado en
Administración con especialización en Gerencia Política. Más de 16 años de
experiencia en Administración Pública.
·
Ex concejal de San
Diego (2005 – 2013).
·
Locutor y Voz Ancla
en el programa #AlianzaVecinal, todos los lunes a las 11 Am por La Voz de
Carabobo 1040AM.
·
Presidente de
Alianza Vecinal San Diego.
·
Twitter /
Instagram: @IvanLopezSD

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