La salud
moral de una sociedad está en relación directa con la manera que tiene ésta, de
tratar a sus niños. Esto no lo invente yo, ni mucho menos; lo aprendí hace
muchos años de alguien que ha dedicado su vida al problema. Lo escuche de un
reconocido sociólogo, que una vez impartió una clase magistral en Valencia,
sobre las razones de la pobreza Venezolana y sus derivaciones sociales. Y es
que hay que decirlo una y otra vez, insistir hasta que se entienda en todos los
niveles; toda sociedad debe entender que el futuro de una nación se refleja en
nuestra forma de cuidar e impulsar el desarrollo de nuestros niños. Es así de
simple: Nuestros Niños… Nuestro FUTURO.
En el trato
al niño, que es un ser indefenso físicamente, inexperimentado en las astucias
de los adultos, vulnerable, maleable para el bien y para el mal, se manifiesta
la manera de ser de las personas: y también la manera de ser de los países.
Cuando un pueblo es duro, insensible, brutal con sus niños, es un pueblo
enfermo. Esa misma insensibilidad, en grado mayor, la demostrará con todas las
otras cosas. Sus políticos hablarán de la injusticia social, pero únicamente
para comprar los votos del pueblo; sus
empresarios hablarán de competencia y libertad, mientras multiplican los
esfuerzos para obtener del Estado privilegios y monopolios; sus Gremios Profesionales
no tendrán preocupación más urgente que presionar para obtener para sí una
parte proporcionalmente más alta del ingreso nacional, aunque dirán que las
huelgas con que amenacen son para el bien de quienes reciben sus escasos y
malhumorados servicios; sus graduados universitarios se olvidarán de que la
colectividad pagó sus estudios y defraudarán al país yéndose a otro país para
ejercer cualquier oficio cayendo en la diáspora venezolana; sus sindicatos se desentenderán
del problema social que significa el trabajo de las mujeres y los niños, puesto
que son sectores que no pueden contribuir a su poder político; igualmente de
los desempleados que no pertenecen a ningún sindicato y que por lo tanto “no
existen”, virtualmente; sus universidades estarán más interesadas en disimular
sus defectos que en corregirlos, sus artistas y escritores más preocupados por
encontrar algún extranjero desconocido de quien copiarse que en desarrollar su
propia búsqueda; y en general todo el mundo ansioso de aparentar, más que de ser.
¿Reconocen el cuadro? Admito que cualquier semejanza
con hechos y personas “reales” es totalmente intencional. Ustedes y yo
conocemos ese país.
Cuando uno
revisa, las crónicas de sucesos en los diferentes portales, o los pocos diarios
de prensa escrita que quedan, uno se percata de lo crudo de nuestro actual
sistema de valores o proceder ciudadano de nuestros coterráneos. ¿Dónde
aprendieron tanta inhumanidad estos jóvenes de descuartizar a humanos como
animales o matar por un par de zapatos? Es sencillo: la aprendieron también
hace algunos años cuando fueron niños en Venezuela.
Mucho se ha
dicho, pero mucho habrá que repetir, cuan mal negocio hace Venezuela en no
ocuparse a cualquier costo de que sus niños no crezcan torcidos. En este época
de vacacionales de nuestros niños, es un tiempo apropiado para decirlo una vez más:
Nuestros
Niños… Nuestro FUTURO.
Iván López / Presidente de A.C Alianza Vecinal San
Diego
Twitter / Instagram: @IvanLopezSD – Facebook: Iván
López SD

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