martes, 19 de octubre de 2010

Una mirada al ser humano / Iván López Caudeiron

Ser joven es transitorio, es una parte de la vida de un ser humano. Antes de la juventud está la infancia, después la edad adulta, luego la madurez y por último la inevitable vejez. Establecerse en la juventud no es posible y lo malo que tiene la explotación de los jóvenes con fines laborales o políticos, estriba en crear la ficción de su permanencia, como si fuera una clase social. Al contrario, la vida de un hombre debe ser una continuidad sin rupturas ni contradicciones abruptas; de la vida a la muerte, una y otra complementando el ciclo de una existencia individual.

Precisamente, cuando se le hecha "una mirada al ser humano" y su entorno, se denota una civilización altamente tecnificada, que informa pero no forma, e instruye pero no educa. Los valores formativos y educativos o bien resultan finiquitados y obsoletos, o bien proponen cambios siempre tendentes a la fragmentación y especialización. Se ha perdido por completo, en la confusión de medios y fines, una visión global de la condición humana. Se miran parcelas de gente como si constituyeran islas: los jóvenes, los viejos, los adultos. Entre estas islas no hay comunicación. Están en un enorme mar de soledad. La cultura se ha vuelto "subcultura de masa". Su rasgo más preciso: la substitución de un acto selectivo e individual como es la lectura, por otro acto cuantitativo y masivo como ver imágenes que hablan (cine, youtube, videos, etc.). Los jóvenes salen de las escuelas o entran en ellas, salen de sus casas o regresan, inmersos en esa estructura inorgánica, mal ensamblada, masa de cables, circuitos, pantallas, computadores, interruptores, varillas, luces eléctricas parpadeantes, conexiones, etc., la cual aunque no lo conceptualicen, los aliena en el sentido psicológico y físico. La naturaleza sin tecnificación les parece un canto, una vaga nostalgia fuera de tiempo. Y entonces cualquier ruptura, por más artificial y dañina que pueda ser, les parece deseable. Al factor de la soledad entre las islas (las generaciones y edades) se añade la alienación de la tecnología, el aparataje sin el que no pueden vivir: T.V., video juegos, DVD, comida chatarra, y muy frecuentemente coca y crack. La constante exterioridad y exteriorización cada vez más gestual, corporal, restan las significaciones y suman los significantes.

Todo es cosa. También sexo. La vieja idea de humanismo carece de sentido, ante la masificación de medios y fines (siempre menores e inmediatos). Hoy como nunca antes tiene importancia el trabajo de crítica de la realidad tecnológica dominada por el afán de poder, así como la búsqueda de otras dimensiones del existir. Por cierto, a medida que avanza la descomposición "por dentro" de nuestra civilización tecnicista, se multiplican las publicaciones y espacios "espirituales" donde, a pesar de las distorsiones y falta de honestidad de algunos de esos libros y programas de autoayuda, se impone crear entidades dinámicas, capaces de influir en el psiquismo social, de encauzar la angustia y desconcierto general a través de la fusión espiritual, hacia estados de conocimiento existencial fundados en la aceptación de la transcendencia y en proposiciones de ordenación interior.

E-mail: pareceres@hotmail.com / Twitter: @ilcaudeiron
(*) Concejal de San Diego.

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