Las navidades son, por excelencia, el tiempo de los niños y para los niños. En esta época celebramos el nacimiento de Jesús, y al margen de nuestras creencias religiosas, los cristianos en primer lugar, pero también los judíos, los mahometanos o los que no tienen fe de ninguna clase, todos compartimos y comprendemos la ternura de la leyenda del niño Dios que nació en un pesebre, hijo del carpintero y de la virgen, con la sola compañía de pastores, ángeles, una mula y un buey. Es que sin dudas, LA NAVIDAD: ES EL TIEMPO PARA LOS NIÑOS.
La Navidad en la calle
Por poco que tengamos alguna fibra sensible, todos los adultos queremos que los niños sean felices en estos días. Todos los niños. Los nuestros en primer lugar, desde luego, pero también todos los demás niños del mundo. Quisiéramos que el día 24 de diciembre ningún niño de la tierra tuviera hambre o frío, o se sintiera desatendido y sin cariño, o estuviera sin un juguete.
Tal vez por eso, las navidades son el tiempo cuando más aparentemente y más doloroso se nos hace ver cuánto niños no tienen, ni siquiera en estos días, nada que pueda hacerles pensar que el mundo de los adultos, el mundo que les estamos ofreciendo, sea otra cosas que un sitio inhumano, donde ser pequeño y ser débil significa ser vejado, atropellado, humillado y ofendido.
A pesar de la crisis, las calles se animan en las Navidades. Las calles se llenan de muchos comerciantes informales. Las aceras se llenan de gente buscando rebajas. Todos se afanan, todos se apuran. Muy pocos se fijan en la edad de los buhoneros que les ofrecen mercancías, o en las manos de mendigos.
Si se fijarán, se darían cuenta que las Navidades paradójicamente son el tiempo del mayor irrespeto al niño, de su mayor explotación. Muchos de los adultos que se hacen acompañar por niños en estos menesteres, no pueden ser culpados fácilmente.
Es el momento de ganar algo para compensar el desempleo de todo un año. La madre que pone a su hijo de corta edad a “cuidarle el puesto”, está recurriendo al único recurso que tiene que le permita volver al cerro a ver cómo están los chiquitos. Otra pide limosna con un bebé en brazos, porque no tiene dónde o con quien dejarlo. Y si tuviera, tampoco lo dejaría, porque sabe que en ese trabajo el niño “produce” más que ella.
Son cosas que suceden en el punto extremo de todo un proceso de DESCOMPOSICIÓN SOCIAL que comienza más atrás y que habría que remediar en su raíz.
Hay que decirlo una y otra vez
Mucho se ha dicho, pero mucho habrá que repetir, cuán mal negocio hace Venezuela en no ocuparse a cualquier costo de que sus niños no crezcan torcidos. Es mucho lo que se pudiera estar haciendo y no se hace.
Y desde todos los ámbitos de la gestión pública y privada; es responsabilidad de todos ocuparse de los infantes y su desarrollo. Navidad es un tiempo adecuado para decirlo una vez más. Entre tanto, hasta que podamos decir que de verdad se está comenzando a hacer algo, ¿Sería demasiado pedir que quienes diseñan tarjetas de Navidad se atrevan a usar como “motivo apropiado” imágenes de limpiabotas, de pregoneros y buhoneros de corta edad, que nos hagan reflexionar sobre esta realidad?
POST SCRIPTUM: Termina un año muy movido. A mitad de año, comenzamos esta nueva aventura de escritura todas las semanas a través de www.Noticiero52.com. Agradecido con su directiva y trabajadores por permitirme expresar en letras mis pareceres. Volveremos en enero, el sábado 6 de enero.
Por otro lado, fue año electoral, con triunfos y derrotas, pero sobre todo de aprendizaje. Seguiremos el camino del trabajo, con constancia apostamos a un mejor futuro en el país y sobre todo en nuestro añorado municipio San Diego. Hay juventud y ganas para seguir el trabajo y sobre todo un terreno fértil, para cosechar la siembra social-política, y sobre todo VECINAL! Seguiremos construyendo a #SanDiegoLaNuevaCiudad.
Iván López Caudeiron. Licenciado en Administración con especialización en Gerencia Política y más de 15 años de experiencia en Administración Pública. Ex concejal de San Diego (2005 – 2013).
Twitter / Instagram: @IvanLopezSD

